Una ley de Nueva York requiere que los modelos
tengan chaperones y certificados
El día 12
de junio del corriente año, se aprobó una enmienda a la ley laboral mediante la
cual los menores que presten servicios en las pasarelas o como modelos de
catálogo tendrán que estar acompañados por chaperones o por sus tutores
legales. Asimismo, las agencias de modelaje deberán tener un certificado
mediante el cual se pueda comprobar que las condiciones de trabajo de los
menores son las adecuadas.
Esta ley,
que en poco parece afectarnos por estas latitudes, es en verdad admirable ya
que además de todo lo dicho, los menores no podrán trabajar en esta industria
si sus carreras terminan dificultando su aprendizaje y para completar todo lo
dicho, las agencias deberán también crear un fideicomiso con el 15% de las
ganancias de estos niños y adolescentes, de modo que el dinero que ganaron no
quede por entero a disposición de sus padres o agentes.
En
nuestro país la industria del modelaje se encuentra en crecimiento, cada vez
hay más academias que ofrecen cursos de modelaje, oportunidades de trabajo y
sobre todo, una carrera que promete fama y dinero. La realidad de la industria
del modelaje, dista de ser color de rosa, miles de niños, aún menores al año,
son iniciados en el modelaje, algunos sin suerte y otros con un futuro
prometedor.
Recuerdo
que en mi primer año de facultad, se discutió el tema del modelaje en una clase
y la pregunta que nos formuló el profesor era si el concepto de “servicios
propios de su edad” que establece el Código Civil en el artículo 259, se podía aplicar al
modelaje. La respuesta a esta pregunta, incluso hoy, es difícil. Un niño menor
a un año, sin tener la más mínima idea de qué es lo que está pasando, se ve de
pronto yendo de casting en casting y de ser seleccionado, el niño tendrá que
someterse a una sesión de fotos o grabación con las horas que eso implica.
Por eso
creo que la respuesta a esa pregunta además de ser jurídicamente complicada,
conlleva matices culturales y me animaría decir que hasta morales. Porque si
bien no existe una prohibición a texto
expreso, tampoco hay ningún parámetro que nos ayude a determinar cuándo algo es
normal y cuándo deja de serlo. Seguramente, hace unos años, a nadie se le
ocurriría llevar a su hijo a un casting, al menos no en nuestro país, y si
alguien lo hacía, probablemente fuera tachado de explotador o algo por el
estilo. Hoy en día, ya no podemos decir lo mismo, lo normal es un concepto
abstracto, que irá cambiando al mismo paso que la Sociedad.
El
Derecho per se, no es inmune a los cambios, a las modas, y si no, solo basta
hacer un racconto de las leyes aprobadas en los últimos años, que demuestran
que cada día que pasa, es como un vendaval, y que el Derecho es la morada donde
habita la Sociedad, si las bases de la misma no son firmes, entonces todo se lo
lleva el viento.
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