viernes, 2 de agosto de 2013

ABOGAD@ Y BLOGGER


 
Recientemente el crecimiento de blogs jurídicos se ha ido por las nubes, desde los más tímidos que postean alguna nueva ley o novedad, hasta los más arriesgados que se atreven a dar su opinión sobre los temas más diversos.

Esto es algo que según los expertos sirve para mejorar el contacto cliente – profesional así como para crearse un nicho dentro de la jungla profesional.

Sin embargo, después de hacer un recorrido por el floreciente mundo de los blogs jurídicos he notado algunas cosas que por decirlo de alguna manera, son preocupantes:

Primero, la falta de protección al contenido de dichos blogs. Cuando el blog deja de ser un pasatiempo y se convierte en parte del trabajo, es justo que el mismo sea reconocido y no es precisamente poniendo el nombre y la foto como el trabajo adquiere relevancia sino patentándolo. Si bien somos parte de la cultura del “compartir” y del “me gusta”; tener una licencia es en muchos casos gratis y solo demora unos minutos.

Segundo, no tener un dominio propio. La mejor manera de estar protegidos (y atraer tráfico) es tener un dominio propio, la desventaja es que los dominios son pagos. La mayoría de los que recién nos adentramos a la jungla no podemos invertir en uno más el programa de cuenta segura, etc. Sin embargo, existen algunos dominios gratuitos pero debo confesarles que son un tanto peculiares y complejos por lo que ante la duda, es preferible esperar

Tercero, no tener una fan page. Hay que admitirlo, el que no está en Facebook, no está en el mundo  y no tener una fan page es un error ya que dependiendo de la configuración que le demos a nuestro blog, la gente podrá o no seguirnos y además no todo el mundo sabe cómo seguir un blog, que puede ser bastante complicado si el seguidor en potencia no tiene un blog propio.

Cuarto, no tener una cuenta en Twitter que haga referencia al blog. Señores/as este es un mundo globalizado y principalmente es el mundo de las redes; no hay excusa para no tener una fan page y una cuenta de Twitter. Lo bueno de esta red social es que nos permite seguir a aquellas personas que nos resultan de interés y atraer clientes.

Quinto y último, confundir nuestro perfil personal con nuestro perfil laboral. Debemos tener esto muy en claro, es muy bueno hacer contactos y mucho mejor hacer amigos, pero esas fotos de la fiesta de disfraces a la que asistimos hace unos meses, no representan la mejor imagen profesional. Por eso, solo debemos agregar a nuestro perfil personal a aquellas personas que conocemos; separar el perfil profesional del personal es clave, en especial con las notificaciones de  “has sido etiquetado”.

Saludos

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